Sumela, Turquía  

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El monasterio de la Panagia

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Del  monasterio y ermita de Sumela, construidos en un acantilado del monte Melá, en la costa del mar Negro, nos contó una amiga que viajó a esa región de Turquía. Y ahora estábamos allí para atestiguar que la fe mueve montañas.

Irma Trujillo/Fotos: Zoila Trujillo

Intrigadas por conocer esa proeza del siglo IV, edificados a 1200 metros sobre el nivel del mar, en una ladera de ese monte dentro del Parque Nacional de Altindere, decidimos que era un viaje que había que realizar.

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Foto: Bjorn Cristiana Torrissen

Abordamos el avión hacia Amsterdam, continuamos a Estambul y de allí, en un vuelo local, a Trabzon (anteriormente llamada Trebisonda o Trapisonda), una de las antiguas rutas comerciales que unía el mar Negro con el mar Mediterráneo.

Trabzon (en turco), situada en la costa del mar Negro y capital de la provincia del mismo nombre, es una ciudad de 230 mil habitantes con mucho movimiento comercial, pero también su gente se da tiempo para tomar té en pequeños locales con mesitas exteriores, donde se nota que disfrutan de largas pláticas, especialmente los caballeros.

Una vez hospedadas en el hotel “Gran Zorlu”, situado en el centro de la ciudad y que atiende de maravilla a sus huéspedes, salimos a caminar sorprendiéndonos gratamente ver que en las calles se vendían elotes, hervidos o con mayonesa y queso (¿a la manera mexicana?).

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Después comimos en un restaurant donde degustamos platillos típicos de esa región, entre ellos una especie de sardinas (llamadas Hamsi) guisadas con jitomate, también tortitas de carne, similares a las hamburguesas; ¿será que en esta región surgió la idea para las típicas hamburguesas norteamericanas? Y otra sorpresa: este platillo se acompaña de un  chile verde, grande y ligeramente frito, que en México diríamos “toreado”.

“Toda Santa”

Al día siguiente por la mañana emprendimos el viaje a Sumela acompañadas de un guía local, ascendimos la carretera en forma de espiral y, antes de llegar a la cima, apreciamos la espectacular vista del Monasterio de la Panagia (“Toda Santa”, el nombre griego de la Virgen María), que se destaca como si estuviera en fino equilibrio con el borde del precipicio.

La vegetación del lugar es exuberante, con pinos y árboles de avellana, abundante agua que corre por arroyos y cascadas, permitiéndoles a sus pobladores contar con criaderos de truchas.

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Llegamos a una pequeña población dedicada a la atención del turismo, caminamos  alrededor de 100 metros y subimos por una escalera empinada para entrar a la Ermita.  Ya desde el exterior se observan frescos de la religión cristiana.

En el interior las paredes y el techo están decorados con hermosos frescos de Jesucristo, la Virgen y Santos, algunos de los cuales están muy dañados. Efectivamente, pudimos constatar la proeza que significó construir en la roca, con rústicas herramientas y enorme fe, un espacio de oración y contemplación, de singular belleza.

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Al monasterio, cuya fundación se atribuye a los monjes griegos Barnabás  y Sofronio en el año 386 d. C., no pudimos entrar porque estaba en restauración; sin embargo, desde algunos espacios abiertos pudimos contemplar, a pesar de la niebla, la impresionante vegetación de coníferas y otras especies. A sólo 300 kilómetros se encuentra la región de Georgia, famosa por su población centenaria, otro lugar que tendremos que visitar.

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En las afueras del monasterio jóvenes de una de las etnias de la costa del mar Negro elaboran, con hilos de plata, collares, pulseras y aretes, ¡verdaderas obras de arte! Y es que antiguamente había minas de plata cerca del monasterio. Si desea comprar, deberá pagar con dinero en efectivo.

Caja de sorpresas

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De vuelta a Trabzon, fundada en el año 756 a. de C., comimos en un restaurante que literalmente está a orillas del mar Negro; nos sirvieron pescado fresco, además de Hamsi y, nuevamente, ¡otra sorpresa¡ Un sabroso pan de maíz, aunque diferente al pan de elote que conocemos.

Trabzon tiene varias joyas arquitectónicas, con antiguas Iglesias armenias y bizantinas de los siglos IX y XIII, también las murallas del castillo de la dinastía Comneno.

Hay varias ciudades en las costas del Mar Negro que también tienen joyas arquitectónicas; si tiene interés en el arte y la religión, esta región es una opción, no se contente sólo con Estambul, que ya de suyo es una joya.

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