Praga, la ciudad de los jardines

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Más de 200 adornan la ciudad y sus alrededores

Foto: Prague Convention Centre

Convertida por méritos propios en un atractivo destino turístico del centro de Europa, la capital de la República Checa preserva con gran cariño sus parques y jardines de estilo barroco y clasicista, para deleite de sus pobladores y visitantes.

Texto y fotos: Ludmila Holkova

Para los paseos con breves descansos en los centros urbanos, como deleitarse con la belleza creada por el hombre junto con la naturaleza, son ideales los parques y los jardines. Lugares ideados, protegidos y buscados en todas las culturas a lo largo de la existencia de la humanidad ya que proporcionan al hombre no solamente el descanso, también el lugar y el tiempo para la meditación y reflexión, un valor sin duda valioso para el ser.

Visitar Praga además de admirar su arquitectura, deleitarse con la música y apreciar la creación artística plasmada en vidrio, merece la atención también la visita de sus parques y jardines, que no son pocos, alrededor de 200 dentro y alrededor de la ciudad.

El jardín Valdstein, Vojan, Lobkovic, Kinsky, Fürstenbersk, Schönbom, los jardines reales del casillo de Praga y de sus caballerizas, la colina de Petrin, son solamente algunos en el mero centro histórico de Praga. Entre ellos, por su belleza particular, resalta el Vrtbovska Zahrada, un jardín barroco ubicado en el barrio de Malá Strana, en la orilla del río Vltava (Moldau).

Se extiende sobre las terrazas estilo italiano y enriquecido con elementos arquitectónicos netamente checos. Es considerado de los más hermosos jardines en Praga, escondido atrás de las inadvertidas puertas de madera del antiguo Palacio barroco del conde Vrtba, con las últimas modificaciones en estilo clasicista sobre la calle Karmelitska.

Fue diseñado e instalado alrededor del año 1720 en el lugar de un viñedo renacentista tardío de 1631, que en su tiempo le antecedían, como en otros lugares de Praga, los jardines góticos. Es considerado uno de los más importantes jardines barrocos, no solamente en Praga sino por su original diseño en pequeño espacio, único en el ámbito europeo.

El concepto arquitectónico es la obra del arquitecto checo Franz Maximilian Kañka. El jardín ocupa la pendiente de una ladera sobre la cual fueron diseñadas tres terrazas, que ocupan tres pisos o distintos niveles de altura comunicados con las escalinatas. La entrada al primer piso o terraza de este jardín es a través de la Sala Terrena, decorada con los frescos de Wenceslao V.

Reiner, el principal representante de la pintura barroca checa, y las estatuas de mármol de Baco, dios de vino, y de Ceres, diosa de fertilidad, de Matías Bernardo Braun, de origen austriaco, pero el más importante representante del barroco culminante checo.

Cada una de las terrazas luce por su original geometría, la ornamentación floral y otros detalles.

En la primera terraza merece la atención la fuente con una pequeña estatua de un niño sobre un monstruo marino rodeada de nenúfares. Al fondo contrario de la Sala Terrena, la pajarera tipo Sala Terrena con pájaros del zoológico de Praga y hermosa decoración floral con vistas a las terrazas superiores.

En la segunda terraza embellece el lugar otra pequeña fuente, como la bella decoración floral con las vistas a la primera terraza, piso de abajo y unas vistas parciales a Praga.

Las escaleras a la tercera terraza y las balaustradas están decoradas con hermosos jarrones de piedra y siete estatuas de los dioses antiguos griegos: Apollon, Mercur, Diana, Juna, Minerva, Júpiter y Vulcano, también de Matías Bernardo Braun.

De lado izquierdo se puede admirar la imponente cúpula de San Nicolás, la más grande iglesia barroca de Praga, y de lado derecho la nave de la Virgen María Vítězná, que aloja el famoso Niño Jesús de Praga, ambos ubicados en inmediata cercanía de este jardín.

La tercera terraza termina con un mirador que colinda con el jardín Schönbom, que forma parte de la Embajada de los Estados Unidos y desde la cual se tiene hermosa vista panorámica al centro de Praga y que sugiere después continuar el paseo por Malá Strana, acercarse al muy visitado puente gótico de Carlos, cuya construcción fue iniciada en 1357 en el lugar del anterior primer puente de piedra, puente de Judith del año 1172, o  visitar el Museo de alquimistas de Edward Kelley, Doctor Fausto y otros más, del siglo XVI, con su laboratorio interactivo y otros fascinantes lugares de este barrio, entre los cuales el más relevante e importante es el Castillo de Praga, Hradčany, que se puede también admirar de lejos desde el jardín Vrtbovská.

 

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