Papás superhéroes

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O la angustia de ver a los hijos sufrir el estrés de la vida diaria

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¿Con qué clase de padre o madre se identifica usted?: “Padres helicóptero”, “mamás agenda”, “papás guardaespaldas”. Los adultos tienen la obligación de proteger a sus hijos, pero también de dar esa necesaria autonomía para formar a personas independientes y resolutivas.

Por Dr. Jose Manuel Orrego*

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Dr. Jose Manuel Orrego

Desde no hace muchos años se está acentuado un fenómeno que resulta inherente a las sociedades del bienestar… la sobreprotección infantil.

El excesivo celo que algunos papás exhiben con sus hijos, se ve reforzado por una suerte de circunstancias que afectan periódicamente a nuestros “sufridos retoños”, y tiene que ver con la intensificación de las tareas escolares, la profusión de actividades extraescolares, el sobrepeso de la mochila escolar, etc., etc.

Si a esos pormenores sumamos el esfuerzo de los padres para planificar comidas, adaptarse a horarios y satisfacer todos los deberes familiares para con los más pequeños de la casa, el resultado es que muchos de esos estoicos y resignados progenitores comienzan a desplegar sus escudos protectores, quizás como analgésico ante la angustia que les causa ver a sus hijos sufriendo el estrés de la vida diaria.

Por todo lo anterior creo que es oportuno tratar este tema precisamente ahora. En esta sociedad de los derechos del niño, de los movimientos pro-infancia y del ultra-respeto a la figura del menor resulta casi intolerable o cuanto menos políticamente incorrecto decir que los niños tienen que sufrir.

Sí, sufrir y también frustrarse, porque estos sentimientos son aspectos consustanciales del desarrollo y del crecimiento humano. No puede haber maduración sin un aprendizaje despojado de amarguras, disgustos o sinsabores. La experiencia se nutre más de los errores que de los aciertos, por ello todo el que pretende ejercer de educador, ya sea en forma de maestro, tutor, consejero, papá, mamá, coach, o como quiera llamarlo, tiene la obligación moral de “taparse los ojos”, a sabiendas que los primeros vuelos acabarán inevitablemente en un gran batacazo.

Realizada esta grave reflexión que en realidad es la vida misma…-No tema no quiero filosofar más -. Me gustaría denunciar a esos padres y madres que se anticipan tanto al riesgo, que no dejan que el niño se equivoque.

Cierto es que hay trances por los que ningún pequeño debería pasar, pero no me refiero a esas hipotéticas y fatales circunstancias, me refiero a los pequeños incidentes del día a día, esos acontecimientos que son necesarios para que el niño aprenda a usar las herramientas necesarias para afrontar sus propios problemas.

En algún lugar he leído algunas metáforas muy agudas para describir estas realidades: “padres helicóptero”, “mamás agenda”, “papás guardaespaldas”, “niños burbuja”,…a mí me gusta usar el término “superhéroes”, porque describe a esos padres que además de patrullar sin descanso sacan pecho y se sienten orgullosos de sus intervenciones salvadoras.

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Más perjuicios que beneficios

Mas esos paladines deberían saber que a pesar de sus loables intenciones están haciendo un flaco favor a sus hijos. No son pocos los estudios que tratan de las nefastas consecuencias de los estilos educativos sobreprotectores: bajo autoconcepto, incapacidad para tomar decisiones, tendencias al pesimismo, depresión, ansiedad, pocas habilidades sociales y, posiblemente de adultos, ser personas con gran dependencia emocional, lo que se traduce en problemas de pareja.

Admito que cuesta reconocer estas actitudes disfuncionales porque vivimos en la época del miedo, del alarmismo, de los airbag, los Isofix, las cremas protectoras, las vacunas, los tapa enchufes y las chinchoneras. ¿No es verdad que antes veíamos más niños escayolados? ¿Dónde se han quedado las rodillas teñidas de Mercromina o de Merthiolate?

No me malinterprete, hoy en día los menores están más seguros que nunca… y eso es bueno, pero lo verdaderamente preocupante es que muchos padres no son capaces de reconocer que se están equivocando y que sus estilos educativos influirán en la personalidad y en los patrones de conducta de su hijo desde muy pronto, y por desgracia de forma más virulenta a partir de la adolescencia.

Los adultos tienen la obligación de proteger a sus hijos, pero también de dar esa necesaria autonomía para formar a personas independientes y resolutivas.

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*Jose Manuel Orrego Alvarez es Doctor por la Facultad de Psicología de Oviedo, Maestro y Pedagogo. Colabora como columnista en varias publicaciones españolas. En la actualidad conjuga su actividad profesional como docente e investigador con un inmenso interés por descubrir y transmitir cualquier tema relacionado con la conducta, la educación y la cultura.

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