Los grupos indígenas, ¿empresarios turísticos de segunda?

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Poseen productos de gran valor

Los grupos indígenas, campesinos, ejidatarios y comuneros emprenden dicha actividad respaldados por su patrimonio natural e inmaterial, como la gastronomía tradicional, regional, única, pero aún les falta ser competitivos. 

Desinterés de secretarios de Turismo estatales por promover sus respectivas gastronomías. 

Axel Trujillo de los Santos/Fotos: VEN AMÉRICA

Herederos de un patrimonio natural rico en biodiversidad, hermosos paisajes y, en muchos casos, minerales de gran valor, además de su patrimonio inmaterial a través de la gastronomía, única en muchos casos, costumbres y tradiciones, los grupos indígenas de la República Mexicana que han incursionado como empresarios turísticos mediante asociaciones o cooperativas parecen ser de segunda categoría, por el trato que reciben de las autoridades del sector de los tres niveles de gobierno.

No obstante, los emprendedores indígenas acuden cada vez más a las ferias turísticas como el Tianguis Turístico México o al Adventure Travel Mexico, mejor conocido como ATMEX, cita profesional de negocios que reúne el perfil para su producto, pero aún es un esfuerzo insuficiente para detonar la economía de cientos de familias que aspiran a un mejor nivel de vida mediante su patrimonio natural, preservándolo de la destrucción y mitigar con ello el cambio climático.

Como ocurre en otras actividades económicas del país, los intermediarios o agencias de viajes nacionales se llevaban la mejor tajada, mientras los indígenas o campesinos que incursionaban en la actividad turística como prestadores de servicios tienen que hacerse cargo de recibir a los atrevidos visitantes deseosos de nuevas experiencias de ocio, alimentarlos, hospedarlos, guiarlos en sus recorridos y proporcionarles seguros de vida, haciéndose cargo además de los desechos generados por tal actividad.

Su persistencia en emprender en el medio turístico y perder el miedo a tratar con citadinos, tanto de México como de otros países y diferentes idiomas, han hecho que su presencia crezca en citas profesionales de negocios del sector nacionales e incluso internacionales, porque tienen un producto muy valorado en el extranjero y cada vez más apreciado por el mercado local.

En esas ferias pueden verse los rostros recurrentes de los empresarios turísticos indígenas, campesinos, ejidatarios y comuneros por parte de compradores, organizadores de eventos, viajes de incentivos y autoridades del sector, pero los primeros también son conscientes del relevo generacional por lo que ya empiezan a llevar a las ferias para foguearlos a quienes los sustituirán en un futuro.

Hasta ahí la situación pareciera ser normal, pero en los hechos la realidad para los emprendedores turísticos indígenas, campesinos, comuneros y ejidatarios es, en la gran mayoría de los casos, muy diferente. Comenzando porque tienen que dejar varios días a sus respectivas familias, fenómeno que no ocurría antes de emprender su nueva actividad, aunque en otros casos las dejaban o dejan para emplearse como jornaleros en diferentes estados de la República Mexicana e incluso de ilegales en Estados Unidos, o Canadá previa visa temporal en la mayoría de casos.

Durante la sexta edición de ATMEX 2018, realizada el pasado mes de septiembre en  Comala, el Pueblo Mágico de Colima, tuve la oportunidad de conversar largo rato con varios de esos empresarios indígenas no sin antes ganarme su confianza para romper el hielo.

Me había llamado la atención la plática de una pareja, sin lazos sentimentales. Ella había comenzado a hablar de una funcionaria del gobierno del presidente Ernesto Zedillo que llegó a la selva lacandona para imponer su idea de preservación de flora y fauna, sin tomar en cuenta el conocimiento ancestral de los habitantes de diversas comunidades, que son varias.

Los seis emprendedores con quienes conversé, entre quienes sólo había una mujer, me dijeron que formaban parte de un grupo más grande procedente de un estado del sureste, a quienes su gobierno apoyó con transporte y hospedaje, pero enviándolos por carretera, un recorrido de 18 horas aproximadamente.

“Promoción, difusión y capacitación”

A pregunta expresa respecto a sus principales necesidades como empresarios turísticos y cómo resolverlas, la voz unánime fue “promoción, difusión y capacitación”. A lo que la única mujer del grupo agregó además que los apoyos de los gobiernos estatal y federal les lleguen directamente a ellos, porque en el camino se quedan en el aparato burocrático de la entidad, se desvían hacia otros fines o simplemente desaparecen.

Quien parecía ser el líder de ellos, un joven moreno y de anteojos, cuya playera tenía bordada la leyenda Paraísos Indígenas, comenzó a decir que lo que requieren las comunidades cuyos pobladores han emprendido la vía del ecoturismo es mayor promoción de su producto, difundirlo para que más gente lo conozca a nivel nacional e internacional y capacitar a los prestadores de servicios turísticos, porque –admitió-, tienen carencias, aunque se han capacitado, pero de manera insuficiente,

Añadió que poseen la certificación como guías turísticos, pero requieren el dominio del inglés y otros idiomas, rescate y salvamente en montaña, primeros auxilios, rappel, buceo y contar con suero contra mordeduras de serpientes.

Respecto a la promoción, durante la administración del presidente Vicente Fox la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas realizaba campañas a través de diferentes medios de comunicación, desvirtuándose después por parte de los delegados de ese organismo en los estados con comunidades indígenas, quienes comenzaron a canalizar los presupuestos hacia publicaciones de unos cuantos en las mismas entidades, sin que trascendieran más allá, cuando el propósito original era llegar a un mayor público en todo el país.

Dijeron que las autoridades encargadas de ejercer los presupuestos publicitarios “gastan” el recurso más en medios estatales, cuando lo mejor sería que lo hicieran en diversos medios nacionales, sobre todo los digitales, para llegar a un mayor público potencial y no al de su misma entidad, porque de lo que se trata es atraer al viajero que deje derrama económica en las comunidades, no aquellos que van un solo día, prácticamente no consumen nada ya que llevan lo necesario para la “excursión” y además dejan desechos, de los cuales los receptores tienen que deshacerse.

El propósito, coincidieron, es lograr que los visitantes pernocten en las comunidades varios días, conozcan las actividades cotidianas de las comunidades, su gastronomía, costumbres, tradiciones, atractivos naturales y comprendan la importancia de preservar el patrimonio natural, porque destruir flora y fauna es fácil, lo difícil es conservarla, sin que desde fuera les impongan programas ajenos a su idiosincrasia.

Admitieron que ser empresarios turísticos de comunidades indígenas, comuneros y ejidatarios es difícil, sobre todo si los apoyos escasean, se les imponen costumbres ajenas y los servidores públicos les regatean los apoyos necesarios para sus actividades, además reclaman ser tratados con el debido respeto.

Dicen no estar reñidos con aprender y mejorar sus prácticas cotidianas, como la higiene en la preparación de alimentos y limpieza de sus establecimientos, al tiempo de incrementar la seguridad en sus respectivas comunidades para ofrecer mejores servicios, porque el beneficio es tanto para los visitantes como para ellos.

Otros, en cambio -aunque son los menos, pero comienza a crecer este grupo-, están preparados, capacitados y conscientes del valor de sus productos turísticos desenvolviéndose en las citas profesionales “como peces en el agua” al negociar de igual a igual con compradores nacionales e internacionales.

La gastronomía, ajena a los secretarios de Turismo estatales

Las más recientes visitas realizadas a diferentes estados de la República Mexicana con motivo de ferias turísticas y congresos me han dejado un mal sabor de boca. Tal parece que a los secretarios de Turismo de esas entidades no les importa generar buenas opiniones en ese sentido, sobre todo cuando se trata de compradores internacionales y medios de comunicación.

La cocina mexicana es conocida por su gran variedad de platillos y la suculencia de los mismos, incluso en el año 2010 la UNESCO inscribió a la Cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva-El paradigma de Michoacán en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, pero hay quienes en los hechos se empeñan en dinamitar ese esfuerzo, aunque en declaraciones presuman ese reconocimiento a la menor oportunidad.

Además, México tiene un grave problema de obesidad, pero continúan las malas prácticas en la preparación de alimentos y los malos hábitos alimenticios en el sector turístico.

Comienzo por la Secretaría de Turismo del estado de Querétaro, cuyo titular es Hugo Burgos García. El viaje de familiarización a la Sierra Gorda de Querétaro con motivo de ATMEX 2018, realizado el pasado mes de septiembre en Comala, Colima, me confirmó que a los responsables de la cartera de Turismo de las diferentes entidades no les importa causar una buena imagen mediante la gastronomía, tal vez por desconocimiento o por haber haberles sido impuesto ser patrocinadores de la cita profesional de negocios, a la que acudieron compradores nacionales, internacionales y medios de comunicación.

La primera noche del denominado fam trip la pasamos en el hotel Centenario Arroyitos del Pueblo Mágico de San Sebastián Bernal, cuya cena para dos huéspedes consistió en un plato con quesadillas fritas ahogadas en aceite, elaboradas por un joven con anteojos oscuros en plena noche, de los cuales nunca se desprendió, a quien nunca vi lavarse las manos y mucho menos tuve la seguridad si desinfectó la lechuga de guarnición. Junto con mi compañero de viaje salimos en busca de una cena.

En la ciudad de Colima la anfitriona de ATMEX 2018 fue la Secretaría de Turismo del estado de Colima, cuyo titular es Efraín Heriberto Angulo Rodríguez. Me asignaron el hotel María Isabel, cuatro estrellas, con desayuno incluido en su restaurante Guacamayas. Lamentable. Consistió en huevos revueltos -pero no de cascarón-, frijoles refritos, tortillas, jugo, café y un pan dulce. Las moscas pululaban por todo el establecimiento. Al presentar mi queja en la caja, donde se encontraba además el cocinero en amena plática la respuesta de éste fue “En todos los restaurantes hay moscas”. Para no volver.

En la noche de la inauguración informal de ATMEX en Comala, realizada en Los Portales, frente al Jardín Principal, el presidente municipal Salomón Salazar Barragán ofreció antojitos regionales, por supuesto ricos en grasa.

La comida, si a eso puede llamársele de esa manera, del primer día de ATMEX en Comala, con más pena. La ofreció, sin siquiera estar presente, el secretario de Turismo del estado de Campeche, Jorge Manos Esparragoza, presidente de la Asociación de Secretarios de Turismo.

Como si fuera cantina: tostadas, quesadillas y taquitos, todos generosamente fritos en aceite, aunque también incluyó rebanadas de jícama, zanahoria y pepino, con aguas frescas. Manos Esparragoza tuvo la desfachatez de enviar a una persona a decir en cada mesa que era cortesía de él y que diéramos propina a los meseros. Salí prácticamente huyendo ante tanta grasa.

Al día siguiente, la misma “comida” en el mismo lugar: restaurante Don Comalón, por lo que se escuchó el comentario “es el recalentado”. Con razón hay muchas personas obesas en el estado de Colima. Ni hablar.

Penosa también resultó la recepción nocturna de clausura. Las malas prácticas se repiten e incrementan, sobre todo cuando el titular de la Secretaría de Turismo Federal presume, y repiten sus homólogos estatales, que México alcanzó el sexto lugar en recepción de visitantes internacionales durante el 2017, no así en captación de divisas, muy lejos por cierto del cuarto lugar que en dicha actividad corresponde a Tailandia, país del cual nos separan 12 lugares, pese a tener menor extensión territorial.

La falta de interés de las diferentes Secretarías de Turismo por ofrecer los mejores platilllos de la gastronomía regional a compradores y medios de comunicación nacionales e internacionales no sólo es privativa de esos tres estados; lo mismo me ocurrió en agosto y septiembre pasados en Zacatecas y Puebla, respectivamente.

Conclusión: si los diferentes estados de la República Mexicana no están en condiciones de albergar ferias y expos, es preferible que declinen ser sedes, sobre todo de eventos internacionales.

 

 

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