La Navidad perpetua

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Sin honor ni deontología

El “merchandising santaclausiano” se adelanta cada vez más; lo lógico sería anticiparnos también más… ¿Debería entonces comprar en mayo para salir de ésta vorágine? No se preocupe, cuando la gente comenzara a hacer como usted, no dude en que los especialistas detectarían esa tendencia y no dudarían en adelantarla aún más.

Dr. Jose Manuel Orrego*/Fotos: Pixabay

Un año más nos engañamos pensando que el motivo por el cual la Navidad llega tan pronto se debe al ansia que tenemos de estos días tan especiales. Pero esta razonable explicación nos oculta otros motivos menos loables. Me temo que la razón de esta precocidad se debe principalmente a razones comerciales y, por ende, crematísticas. La maquinaria mercantil condiciona nuestras costumbres, nuestros hábitos y…, por qué no decirlo, los designios de nuestras vidas.

Sea como fuere la Navidad, que oficial o religiosamente quedó instaurada el 25 de diciembre con el objeto de cristianizar una fiesta pagana, se adelanta cada vez más llegando al paroxismo a medida que se acerca a esa fecha central.

Si dijésemos que dentro de poco veremos abetos decorados en el mes de agosto no sería ninguna exageración. Los departamentos de marketing de las grandes multinacionales planifican sus campañas navideñas para que den comienzo dos meses antes de la fecha solemne, y uno no se refiere a las fábricas de “merchandising santaclausiano” que despierta del letargo de forma explosiva, sino de todo el comercio en general que, atraído por el vil metal, arranca motores con un estampido de fascinación, encanto y sutiles sugerencias que hace del incauto consumidor un ser totalmente vulnerable.

Los especialistas aseguran que las ventas comienzan tímidamente en octubre,  aumentan en noviembre (un 20% del total de ventas), hasta llegar al cénit en la primera quincena de diciembre. Eso, sin hablar de aquellos incautos rezagados que se quedan realizando sus compras la víspera de las fiestas grandes, a sabiendas de que pocas horas después los precios retomarán su sensatez gracias a las rebajas, los saldos, las ofertas o los “black days”.

Como todos sabemos, cada vez son más los que se animan a realizar las compras por Internet. La mayor seguridad y facilidad hace que desde cualquier terminal (ya sea dispositivo móvil, tableta u ordenador) sea posible realizar una telecompra de una forma rápida y aséptica. Google asegura que la cuarta parte de los ciberconsumidores comienzan a realizar sus transacciones navideñas durante el mes de octubre. Éste es el futuro y gracias a indicadores de esta naturaleza, todo hace pensar que las nuevas tecnologías cambiarán los usos y costumbres del comercio a corto o medio plazo.

No obstante, para alegría de carteristas, todavía queden nostálgicos del dinero en metálico. Lo cierto es que la tienda tradicional tendrá que renovarse y adaptarse al cambio para no ser engullida por los gigantes virtuales que logran pingües beneficios gracias a la mercadotecnia y al poder de las nuevas tecnologías.

Hace poco escuchábamos que el gigante chino Alibabá facturó, en un solo día, más de 7.500 millones de euros.

A tenor de lo anterior, ¿qué podemos hacer para no dilapidar nuestros escasos recursos? Desde luego, y según las tendencias, a medida que nos acercamos al momento insigne de la celebración, los precios aumentan, luego está claro que si tenemos que realizar alguna compra extra debemos hacerla antes -al menos eso es lo que nos recomiendan los expertos.

El problema es ¿cuánto de antes? Recordemos que si la campaña se adelanta cada vez más, lo lógico sería anticiparnos también más… ¿Debería entonces comprar en mayo para salir de ésta vorágine? No se preocupe querido lector, cuando la gente comenzara a hacer como usted, no dude en que los especialistas detectarían esa tendencia y no dudarían en adelantarla aún más… ¡Cómo, si tienen que iniciar la campaña en febrero!

No se lleve a engaño, en el mundo del comercio no hay honor ni deontología; si por ellos fuera viviríamos en una perpetua Navidad.

No obstante, que bonitas son estas fiestas, con sus escaparates engalanados de luces y guirnaldas, los buzones repletos de catálogos de juguetes y las tiendas de alimentación llenas de deliciosas calorías que seguramente serán eliminadas a partir de enero -¿o no?-, pero esa es otra guerra de la que hablaremos otro día.

*Dr. Jose Manuel Orrego Alvarez es Doctor por la Facultad de Psicología de Oviedo, Maestro y Pedagogo. Colabora como columnista en varias publicaciones españolas e iberoamericanas. En la actualidad conjuga su actividad profesional como docente e investigador con un inmenso interés por descubrir y transmitir cualquier tema relacionado con la conducta, la educación y la cultura.

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