La indigestión tecnológica

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O el fantasma del trastorno

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En una sociedad cada vez más digitalizada, con posibilidad de portar nuestras relaciones sociales mediante un aparato, trátese de una laptop, smartphone o tableta, perdemos la experiencia completa de vivir el presente, el aquí y el ahora.

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Dr. Jose Manuel Orrego Alvarez*

Son muchos los que han sustituido la presencia palpable de un interlocutor por otra “realidad” abstracta, virtual, imaginaria, imprecisa, impersonal,… binaria. Esas personas basan sus interacciones sociales única o principalmente a través de la pantalla, de esta forma los inconscientes ciberadictos obtienen una versión adulterada de la vida, ¿válida? No lo sé, pero de lo que no hay duda es que cuando se impide desarrollar otras actividades esenciales en las relaciones humanas, aparece el fantasma del trastorno.

Los incondicionales de las nuevas tecnologías traspasan esa línea roja con más frecuencia de lo que creen. Esta reflexión se produce porque el  “vivo sin vivir en mi”  tiene hoy más sentido que nunca, aunque no con el matiz religioso de otrora época más analógica.

No hay más que echar una rápida mirada a nuestra rutina diaria para darnos cuenta del abandono de nuestras saludables costumbres sociales: nos hemos convertido en seres digitales enganchados o, mejor dicho, esclavizados a nuestro PC, smartphone o tableta.

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Cierto es que nuestros sentidos han sido amplificados por la tecnología. Ahora, gracias a los whatsapps podemos tener los ojos allí donde están nuestros amigos, también podemos congelar cualquier momento haciendo partícipe de ello a toda la humanidad e incluso podemos enterarnos de los últimos dimes y diretes tal ojo de Sauron fuéramos. Mas este nuevo don tiene un precio y ese precio lo constituye el perdernos la experiencia completa de vivir el presente, el aquí y el ahora.

Nos cuesta renunciar a estos superpoderes y tenemos un miedo irracional a perdernos algo, a que los demás estén disfrutando de algo mejor. Esos instrumentos panópticos que tenemos entre las manos producen temor, y es precisamente ese sentimiento el que interesa a las grandes corporaciones, que lo alimentan e intensifican a través del marketing.

Con seguridad es el segmento juvenil el más afectado; la sensación de “no poder perderse nada” les somete y tiraniza. Pese a todas las corrientes esnobistas y las campañas publicitarias agresivas de las grandes compañías está surgiendo una necesidad de desconectar, este despertar a la realidad tangible es todo un movimiento social que se da a conocer con el acrónimo de JOMO (joy of missing out) o dicho de otra manera “el placer de perderse algo”, y es que la gente empieza a sentir fatiga y ansiedad de querer estar al día de todo…

Algunos, sobre todo los nacidos en la época de las correcciones con tinta blanca y no con la tecla “undo”, saben de qué estoy hablando: ¿dónde están las comidas sin teléfono?, ¿dónde está el disfrute del paisaje mientras viajamos?, ¿dónde están los mecheros en los conciertos?

Las nuevas generaciones nativas de la era informática quizá no sepan aún lo que se están perdiendo. ¿Habrá que despertar a esa parte de la sociedad?… Y tú, ¿todavía no JOMO?

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*Jose Manuel Orrego Alvarez es Doctor por la Facultad de Psicología de Oviedo, Maestro y Pedagogo. Colabora como columnista en varias publicaciones españolas. En la actualidad conjuga su actividad profesional como docente e investigador con un inmenso interés por descubrir y transmitir cualquier tema relacionado con la conducta, la educación y la cultura.

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