La ciudad del juego de pelota

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Cantona

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Considerado por muchos como el centro urbano más grande descubierto a la fecha en Mesoamérica, tenía una red de caminos de más de 500 calles adoquinadas, más de 3,000 patios individuales o residencias, más de 24 juegos de pelota y una acrópolis muy elaborada con muchos edificios y templos ceremoniales.

Eugenia García/Fotos: ven AMÉRICA

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Como ninguna otra urbe mesoamericana, en la ciudad prehispánica de Cantona el juego de pelota tenía una importancia más allá de lo imaginable, a tal grado que llegó a contar con más de 24 canchas, entre fijas y portátiles, de esa disciplina deportivo-religiosa practicada por guerreros, cuya sangre alimentaba al sol en el caso de los triunfadores de cada encuentro, al ser sacrificados.

En 12 kilómetros cuadrados, que es la superficie de lo fue una ciudad fortificada y una de las de mayor grado de urbanización de su época, se han descubierto más canchas de juego de pelota que en ninguna otra concentración humana de la época, probablemente fundada por grupos olmeca-xicalanca hacia el final del periódico preclásico tardío, además de una serie de pequeñas pirámides.

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Posee una acrópolis, elevada con respecto al resto de la ciudad, en la que fueron construidos los principales edificios de la misma, en los cuales residía la élite gobernante y los sacerdotes, además de los templos de sus principales deidades. Estos importantes edificios fueron construidos con piedras sin cobertura de estuco o mortero, para que destacaran las rocas grabadas que cubrían sus fachadas.

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Los habitantes pobres vivían en la parte baja de la ciudad y un poco más arriba se encontraban los militares. Ambos sectores no podían acceder fácilmente a la acrópolis por el estricto control de vigilancia establecido, además de que constaba de un sistema de escaleras ocultas, para evitar que cualquier persona pudiera hablar con el gobernante.

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Sin embargo, sólo se puede ver cerca del 10 por ciento, o tal vez menos, de lo que fuera la ciudad. Incluso, algunas opiniones aseguran que únicamente se ha rescatado el 1 por ciento, porque se ha realizado poco trabajo arqueológico de investigación y rescate en el sitio.

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No obstante, se tienen localizados 27 juegos de pelota, pero de éstos sólo cinco son visibles; los otros, se cree que eran desmontables y estaban hechos de madera. El juego de pelota, que se practicaba con bola de caucho, estaba dedicado al sol; los ganadores eran sacrificados considerándose dicha práctica un honor; los perdedores se exiliaban de la ciudad.

“La Casa del Sol”

Cantona, que en náhuatl se ha traducido como «Casa del Sol», aunque esta interpretación es dudosa, está ubicado en el estado de Puebla, en el oriente de México, cerca de la frontera con el estado de Veracruz. Estuvo habitada del 600 al 900 d. C. por una mezcla de culturas, como la olmeca y tochimilca, entre otras.

Se calcula que en su época de esplendor tuvo una población de aproximadamente 80,000 habitantes, cuando Teotihuacán dejó de ser el principal centro de poder en la región y pequeños estados regionales rivalizaban entre sí por el control de las distintas rutas de comercio. Cantona fue uno de estos centros regionales, y controlaba los recursos de la sierra Madre Oriental, dicen los investigadores.

Las excavaciones han revelado que se trataba del centro urbano más grande descubierto a la fecha en Mesoamérica, con una red de caminos de más de 500 calles adoquinadas, más de 3,000 patios individuales o residencias, más de 24 juegos de pelota y una acrópolis muy elaborada con muchos edificios y templos ceremoniales.

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En nuestra visita a la zona arqueológica, situada en una región semiárida, el guía dijo que los 12 kilómetros cuadrados de superficie del asentamiento se distribuían en tres unidades, de las cuales la mayor es la del sur, con cinco kilómetros cuadrados de superficie.

Todo parece indicar que se trazó de acuerdo con un plan urbano muy bien definido y calles amuralladas que interconectaban todas las áreas de la ciudad. La calle principal, llamada Calle Primera, tiene 563 metros de longitud. Se ve muy similar a lo que pudo ser hace 1,000 años.

Esta ciudad lejana está rodeada por terrenos secos y áridos y de varias ex haciendas. Se dice que la ciudad fue abandonada 300 años antes de la llegada de los españoles, porque era común que en Mesoamérica se abandonaran las ciudades.

Los recorridos para visitantes sólo duran de 2 a 3 horas, ya que constan de apenas 3 kilómetros. Dentro de los 12 kilómetros cuadrados se calcula que hubo 17 mil casas, en donde vivían aproximadamente nueve personas por cada unidad, las cuales  se construían con madera y yuca (palmera del lugar), con patios grandes, y se encontraban sobre los montículos. Sus calles tenían una anchura determinada, dependiendo de la intención, para que pasaran por ella muchas o pocas personas.

 

El oro negro

Sus habitantes se dedicaban principalmente a la agricultura y al comercio -en forma de trueque al carecer de moneda-, en especial de obsidiana, que obtenían de las montañas que rodeaban la ciudad, como la cercana mina Zaragoza.

A la fecha se han localizado muchos objetos punzocortantes de obsidiana negra; “Tener obsidiana era como tener un horno de fundición, era tener el poder”, nos dijo el guía Juan Silva Gómez, al informarnos del delicado proceso por el que tiene que pasar la obsidiana, ya que es muy dura, pero a la vez delicada.

Aun cuando se desconocen los motivos específicos que orillaron a sus pobladores originales a abandonarla, los más probables son la falta de alimento, sequías o cambios climáticos. No se han encontrado pozos ni ríos en las cercanías, aunque sí un lago, pero demasiado salado para beber de él.

Tras las invasiones chichimecas en el siglo XI, Cantona fue abandonada en definitiva.

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