Jaltepec, donde persiste la unión del hombre con la naturaleza y la divinidad

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A través de sus ofrendas para implorar buenas cosechas

En los límites de Hidalgo con el estado de México, en las cercanías de Otumba, se encuentra un pueblo que vale la pena visitar cuando celebra la fiesta del 29 de septiembre, dedicada a su Santo Patrono San Miguel Arcángel.

Texto y fotos: Ludmila Holkova Oborna

Jaltepec es un pueblo de antaño agricultor ubicado en un pequeño cerro, al fondo del cual lucen altas montañas y a bajo se extiende amplio valle con parcelas sembradas de cebada y otros cultivos. Domina al pueblo el templo consagrado a San Miguel Arcángel, al cual antecedía una pequeña capilla franciscana construida en 1664.

Y en este antiguo pueblo, aún en estos tiempos, la tradición se mantiene viva, dedicada al culto a la siembra y a la cosecha, ya que la comunidad conserva la costumbre de pedir el amparo, hasta la fecha, de San Miguel Arcángel para sus actividades agrícolas.

San Miguel Arcángel, el Patrono del pueblo, es una figura muy venerada. Y está presente en la vida de sus habitantes a lo largo del año. En febrero, con la preparación de la tierra para la siembra, la gente participa en la primera procesión con la imagen de San Miguel Arcángel para recorrer el pueblo y campo a fin de pedir a su Patrono que la  bendiga, y no es poca la gente que se reúne en esta procesión, tanto viejos como jóvenes, aunque en menos número estos últimos, y las procesiones terminan con los festejos en septiembre cuando se acerca  la cosecha.

En el pueblo se conserva la leyenda que los habitantes de los pueblos vecinos, al ver la prosperidad de la agricultura y el amparo que les proporciona su Patrono, se quisieron apoderar de él, así que lo sacaron del templo pero no llegaron muy lejos, pues el Santo pesó tanto que no lo pudieron cargar y lo regresaron a su lugar -narrado esto por una mujer joven del lugar.

Actualmente la imagen de San Miguel Arcángel, que ocupa el altar principal del templo,  llevada de Texcoco el 27 de septiembre de 1827 por el fraile dominico con el sobrenombre de Homero chichimeca, es considerada una reliquia muy apreciada y valorada, así que permanece en su sitio, y para las procesiones lo sustituye una imagen alternativa para tal caso ubicada a lado del altar principal.

El acontecimiento del 29 de septiembre en Jaltepec es siempre magno, y con este motivo se le dedica mucha atención, empezando con la preparación de la procesión mañanera con serenata, la vestimenta de la imagen alternativa de parte de las personas que la ofrecen a cambio de las solicitudes de apoyo y agradecimientos a San Miguel Arcángel, la decoración de la nave interior del templo como su frontispicio, que cada año es diferente, actividad en la cual participa todo el pueblo.

Este año los festejos empezaron temprano en la mañana, con la serenata dedicada a San Miguel Arcángel por 35 año consecutivo, recorriendo el pueblo e implorándole que la cosecha sea abundante, para luego celebrar las misas a las cuales acude mucha gente, los invitados y también la gente de los pueblos y las comunidades vecinas.

La decoración del templo es vasta en flores, un hermoso cuadro a la vista. Y todo el  frontispicio del templo adornado de semillas de cebada, maíz, frijol, arroz, lenteja y alpiste. Esta presentación, aunque se repite cada año, cambia su decoración. Este año    representaba el cultivo de maguey y maíz, sin olvidar el origen de la gente del pueblo,   otra forma de solicitar a su Patrono que la cosecha sea abundante en los próximos meses.

Y todo fue acompañado con la Danza de Moros, tradición iniciada por Juan García Aguilar, Domingo Guerrero, José Morales y Macario González en el año 1925, la cual se representó en el atrio del templo, al terminar la misa esperada por todo pueblo.

Formar parte de ese grupo de danza es un deseo personal de sus habitantes, ya que los bailarines expresan de esta manera sus solicitudes, como promesas individuales hechas a San Miguel Arcángel.

Y luego la fiesta sigue en las casas con los invitados disfrutando de deliciosos platillos  de la cocina regional, y en la noche los juegos artificiales, el baile y la música.

Sin duda, en Jaltepec persiste la unión del hombre con la naturaleza y la divinidad.

 

 

 

 

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