Dunas de Chachalacas

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En cuatrimoto

 

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La extensa playa de Chachalacas, en el estado de Veracruz, es el escenario ideal para generar adrenalina a raudales al recorrer sus imponentes dunas en cuatrimoto, vehículo en el que intrépidos pilotos realizan audaces maniobras.

Axel Trujillo/Fotos: VEN AMÉRICA

Al integrarnos al grupo que participó en el recorrido por las dunas de Chachalacas, organizado por la empresa Rutas Todo Terreno, partimos de la playa por la mañana, luego de escuchar la información y recomendaciones del director de Rutas, Mario Esparza, las cuales son muy importantes para todo aquel interesado en participar en este tipo de actividades de riesgo, aun cuando se tenga experiencia, a fin de prevenir accidentes.

Antes de emprender cualquier ruta de riesgo, ya sea en vehículo 4X4, cuatrimoto o motocicleta, es importante también cerciorarse que el organizador sea empresa seria, profesional y cuente con paramédico para atender a los participantes.

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Plática previa y últimas instrucciones

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Racers y cuatrimotos

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Punto de partida de la ruta

Quien esto escribe y dos camarógrafos más abordamos como acompañantes sendos vehículos, a fin de vivir la experiencia de la adrenalina que produce el recorrido en cuatrimoto por las imponentes dunas del Golfo de México.

El grupo compuesto por más de veinte personas, entre pilotos de cuatrimotos y racers –microvehículos todo terreno- se dirigió hacia el norte de Chachalacas por la playa y un kilómetro más adelante entramos a la zona de dunas, que al principio parecía no ofrecer nada espectacular más que algunos montículos de arena,…pero cuán equivocado estaba.

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En la playa

Ese primer contacto sirvió a los participantes para reconocer el terreno, realizar algunas maniobras y verificar el buen estado de las máquinas.

Antes de abordar de nueva cuenta la cuatrimoto el piloto a quien acompañaba me recomendó cómo actuar en mi posición sobre el terreno: hacerme al lado contrario para equilibrar el peso cuando nos desplazáramos por una pendiente de derecha o izquierda, inclinarme hacia adelante al ascender, echar el cuerpo para atrás al descender o pararme sobre los estribos en suelo irregular para no salir despedido.

A pesar de sujetarme con fuerza de ambos pasamanos, en algunos tramos del recorrido iba dando tumbos y extrañaba mi protector bucal al chocar los dientes…Pero faltaba la parte más emocionante y espectacular del recorrido. Poco a poco aumentaba el grado de dificultad y crecía la emoción; las dunas se volvían más altas y más largos y verticales los descensos.

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Un sudor frío comenzó a recorrerme el cuerpo al llegar a la cresta de la primera duna con pendiente casi vertical de 30 metros de longitud….¡gulp! Y allá vamos, tenso, apretando los dientes y agarrándome con 20 uñas, mientras pensaba en la posibilidad de volcarnos y ser engullidos por la arena, pero nada de eso sucedió.

Por el contrario, algunos intrépidos conductores regresaron por donde habían bajado y otros se desplazaban por diferentes rumbos para volver a reunirse en la parte baja de la duna.

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No faltó el vehículo que se atascara en la cima, y de inmediato la solidaridad del grupo se hizo presente para rescatarlo y continuar el recorrido que marcaba el líder hacia descensos de mayor longitud y grado de dificultad, hasta llegar a la famosa Coca Cola, que semeja gigantesca doble letra C enlazada, de ahí el nombre.

Descender y ascender en línea recta los 70 metros de la cresta a la base de la Coca Cola exige experiencia, pero aún más remontarla siguiendo la orilla del contorno en forma de media luna, y esa demostración sólo pudo hacerla en esta ocasión una persona.

Sin embargo, la generación de adrenalina no terminaba, y de eso me percaté cuando llegamos a la cima de otra duna más imponente por su altura. Pensé que desde ese punto sólo nos relajaríamos después de dos horas sobre las máquinas, admiraríamos el paisaje y la base de la misma formación 90 metros más abajo, en caída prácticamente vertical, pero estaba muy equivocado.

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A batallar con la arena

A bordo nuevamente de nuestras unidades y cuando pensaba que nos retiraríamos por un camino relativamente tranquilo, repentinamente algunos vehículos comenzaron a descender, entre ellos el de la única joven del grupo.

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De picada la valiente dama

En ese momento de plano estuve a punto de renunciar, debo admitir, pero ni tiempo tuve porque comenzamos el descenso. Como en las caricaturas, el cabello quizá se me erizó, los ojos tal vez se desorbitaron y muy posiblemente grité, pero nadie me escuchó.

La experiencia duró segundos, pero se me hicieron eternos.

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A volar

Una vez repuesto de emoción tan intensa observé el descenso de otros vehículos, recorridos por el área y para concluir la jornada, la mayoría remontó en diversas ocasiones la altísima duna, rematándola con espectacular vuelo.

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Una experiencia diferente

Si te gusta la adrenalina, las dunas de Chachalacas te le garantizan.

 

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Chachalacas también ofrece la práctica de kitesurf

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