Admitámoslo, ellas delinquen menos

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Pese a vaticinios funestos, la realidad actual es diferente

Desde que la mujer va limando desigualdades frente al hombre, sus tareas, roles, costumbres y comportamientos son cada vez más semejantes que sus homólogos testosterados, por lo que algunos vaticinaron que ambos sexos igualarían el número de delitos cometidos e inferían que las cárceles iban a ser pobladas por un número de féminas equivalente a la población reclusa masculina.

Por Jose Manuel Orrego*

El derecho a la igualdad conquistado por la mujer jamás había llegado a un nivel tan… impresionante. ¡Calma a todas!, sabemos que falta mucho camino por recorrer, pero lo que quiero decir es que desde el punto de vista histórico los últimos 100 años han constituido una verdadera revolución feminista, y si no recuerde que desde los principios de la humanidad, y salvo algunas curiosidades insólitas denominadas matriarcados o estructuras matriliniales, la mujer siempre ha estado relegada a un plano secundario.

Desde que la mujer va limando desigualdades frente al hombre, sus tareas, roles, costumbres y comportamientos son cada vez más semejantes que sus homólogos testosterados, y precisamente por ese motivo muchos visionarios anticipaban ciertas tendencias que el tiempo fue confirmando: empoderamiento cultural, presencia política, irrupción universitaria, nivelación de la esperanza de vida (causada por trabajos en la industria pesada y el tabaquismo principalmente)…

Como se puede imaginar no todos los vaticinios han sido consumados, pero uno de ellos me lleva, por su originalidad, a la fugaz reflexión que abordamos a continuación. Me refiero a la frustrada profecía que igualaba el número de delitos cometidos por mujeres al de hombres; de lo que se infería que las cárceles iban a ser pobladas por un número de féminas equivalente a la población reclusa masculina.

La realidad actual es totalmente diferente: los hombres continúan delinquiendo mucho más. Tanto, que la proporción de reclusos, suponiendo que exista una relación entre delincuencia y encarcelados… –No sean maliciosos y partamos de que ambos sexos son capturados en igual proporción– es de 9 a 1 -¡Vamos!, que son ellos los que delinquen, los de siempre-.

¿A qué se debe este abismo estadístico? Algunas de estas hipótesis explican la realidad desde ópticas biológicistas, culturales, antropológicas, machistas,… Pero vayamos argumentando o desmontando cada una de ellas. No se asuste, pero no hace mucho tiempo se estudiaba la relación entre el periodo menstrual y los homicidios cometidos por mujeres –debía ser por eso de la sangre –, siguiendo la misma línea, un famoso criminólogo llamado Cesare Lombroso advertía que la emancipación de la mujer acarrearía un aluvión de delitos –seguro que pensaba que medio mundo acabaría envenenado, modus operandi clásico de las féminas Médici –.

El imaginario patriarcal

Por otro lado hubo quien afirmó que la mujer no delinquía tanto porque la necesidad de dinero era suplida por la venta de su cuerpo, o incluso, porque el entorno social protegía más a la mujer por ser ésta más desvalida, indefensa y frágil. Como ven las anteriores teorías, sin entrar a juzgarlas, pertenecen al más rancio imaginario patriarcal.

Otra explicación clásica sugiere que el motivo proviene de la ancestral inclinación del hombre por la caza y la violencia, gustos provocados por la desproporción hormonal de andrógenos, explicación objetiva y evidente, pero a la vez descansada y poco original.

Una vez más tenemos abierto el eterno debate entre los ambientalistas y los genetistas, y en este estadio nos encontramos en la actualidad; la mayoría de los expertos se inclina hacia uno u otro lado, de tal manera que podemos acceder a estudios muy serios que consideran las diferencias conductuales entre hombres y mujeres incidiendo en que ellos son más activos y violentos, y ellas más hábiles en el establecimiento de relaciones sociales, estas diferencias que ya son obvias desde la primera infancia se va acentuado hasta la madurez.

En la otra vertiente tenemos los que apuestan por el factor cultural, desde que nacemos continuamos recibiendo una programación dirigida a potenciar la masculinidad o feminidad: a los niños se les induce a reprimir sus emociones y a no manifestar inseguridad ni ternura, en cambio a las niñas se les instruye a que no exterioricen agresividad.

Le invito a que hojee una revista de juguetes y cuente cuantos entretenimientos de carácter bélico se dirigen a niñas y cuantas muñecas y cocinitas a niños, o a que cuente a los federados masculinos y femeninos en deportes de contacto como el rugby o el propio futbol, y es que por mucho que la igualdad quiera imponerse continuamos viviendo en un mundo polarizado. Ahora bien ¿resulta tan nocivo que los niños se eduquen de forma  diferenciada?… –otro debate peliagudo que me apunto para otro día–.

Violencia femenina invisible

Más osados son algunos planteamientos que con base científica confirman la existencia de una violencia femenina invisible dentro del sistema. Esas tensiones no llegan generalmente a exteriorizarse, quedando contenidas y canalizadas hacia sí mismo en forma de depresión o drogas.

Esa inclinación autodestructiva podría hacernos creer que la última solución sería una opción frecuente, pero paradógicamente y pese a que las encuestas de autoinculpación arrojen peores resultados para las féminas, la tasa de suicidios es mucho mayor en hombres que en mujeres, quizás una vez más los estereotipos, las expectativas sociales, el enmascaramiento de las emociones y la pésima gestión que hace el hombre de las relaciones sociales lo lleven a cometer estos actos con más reiteración.

Por otro lado hay quien piensa que el sufrimiento al que se verá sometida la mujer encarcelada puede ser un elemento disuasorio. Y es que las familias que tienen a una madre entre rejas se descompone con muchísima más facilidad que si ese mismo suceso ocurriese con su partener masculino, en el mismo caso el hombre recluso encaja con un rol social, sino ejemplar, sí aceptado e incluso respetado y considerado en ciertos contextos –cada vez menos marginales–.

Malas noticias para el feminismo integrista, porque a tenor de los datos estadísticos, la mujer difícilmente alcanzará las cifras masculinas de delincuencia. ¿Bueno, malo?, valórelo usted.

*Jose Manuel Orrego es Doctor por la Facultad de Psicología de Oviedo, Maestro y Pedagogo. Colabora como columnista en varias publicaciones españolas e iberoamericanas. En la actualidad conjuga su actividad profesional como docente e investigador con un inmenso interés por descubrir y transmitir cualquier tema relacionado con la conducta, la educación y la cultura.

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