El Síndrome Postvacacional

Cómo afrontar nuestra rutina después de las vacaciones

La vuelta al trabajo es algo que produce en la mayoría de nosotros fatiga y estrés: más del 12% padece lo que se conoce como Síndrome Postvacacional, pero hay opciones para enfrentarlo. Aquí le decimos cómo.

Dr. Jose Manuel Orrego Alvarez*/Fotos: Pixabay

Créame si le digo que sufrir este tipo de depresión después de unas vacaciones no es algo tan malo… por un lado significa que usted es afortunado por tener trabajo; por otro que ha disfrutado de las vacaciones; y por último que éstas fueron lo suficientemente placenteras para que la vuelta a la rutina constituya un motivo de “insatisfacción”.

Realizada esta ácida introducción, lo cierto es que casi un tercio de los trabajadores que se incorporan a la vida laboral sufren el conocido “Síndrome Postvacacional”. La vuelta al trabajo es algo que produce en la mayoría de nosotros fatiga y estrés. Hasta aquí, todo es normal, porque una vez que hemos presumido del bronceado y de los pormenores de nuestros viajes… aunque obviemos la gastroenteritis, las quemaduras solares, los atascos y demás circunstancias pueriles, nos caen encima las responsabilidades y rutinas de nuestro trabajo.

La mayoría soporta de una forma más o menos estoica la vuelta a la faena, pero el problema reside en ese porcentaje nada desdeñable (más del 12% – que no es poco -) que padece lo que se conoce como Síndrome Postvacacional. Pero, ¿por qué hay gente que es más propensa al mismo?

La respuesta es que ciertas personas poseen menor tolerancia a la frustración, así que podríamos asegurar que las características personales constituyen un factor de primer orden.

No obstante, también existen otras causas como son los entornos de trabajo poco estimulantes, demasiada presión, actividades monótonas, jefes autoritarios, falta de motivación por el trabajo (atención: algunos estudios revelan que el 70% no está a gusto con su trabajo… -mas yo me pregunto, ¿dónde está ese 30%? -), y por supuesto tampoco podemos olvidar que mientras más largos son los periodos vacacionales más cuesta desconectar de la inercia del descanso. Por tanto, la confluencia o no de estas circunstancias hace que algunos no sean capaces de resignarse a su suerte.

Lo que les sucede a estas personas especialmente predispuestas a padecer este síndrome -por cierto, no descrito como tal en ninguna categoría diagnóstica-, es en definitiva un problema de adaptación. Volver a la dinámica laboral de una forma traumática, sin períodos de aclimatación, a los madrugones, a la conciliación familiar, a los turnos y sobre todo a la exigencia de tener que rendir al 100% desde el primer minuto con los mismos problemas de antes del verano, produce una cascada de reacciones psicofisiológicas.

Pérdidas incalculables

El Síndrome Postvacacional normalmente se materializa en angustia, mal humor, depresión, irritabilidad, trastornos del sueño, embotamiento de pensamientos, dificultades para concentrarse, pérdida de memoria, debilidad muscular, cansancio, mareos, palpitaciones…Una larga lista de consecuencias que generan un deficiente rendimiento laboral: cae la productividad, aumenta el absentismo, las enfermedades y las bajas.

No debemos infravalorar un problema que con seguridad es causante de una cantidad de pérdidas difícilmente cuantificables. Algunos expertos consideran a esta afección como una forma singular de inadaptación a entornos aversivos, de ahí la importancia de tomarse en serio un problema que podría ser causante de gran parte del absentismo laboral de estos meses post-estivales (según la Fundación para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo, el estrés afectaría a casi el 30% de los trabajadores europeos).

Para alivio del sufrido afectado, los síntomas del Síndrome Postvacacional van desapareciendo normalmente en 15 días. Si usted pertenece a ese grupo recuerde que los psicoterapeutas advierten de la importancia del tratamiento precoz -puede volverse crónico-; en esos casos extremos la curación deberá pasar por la terapia individual e incluso farmacológica.

Como norma general lo recomendable es ir superando el schok de los primeros días al aumentar la exigencia de forma progresiva y adoptar una actitud positiva (rechace los pensamientos negativos -dígase: tengo un buen trabajo, estoy satisfecho, voy a mejorar, me siento valorado…-), y mantenga en la medida de lo posible aquellos hábitos saludables del verano (sentido del humor, optimismo, deporte…).

En todo caso, es importante que la autoestima y el autoconcepto sean saludables, y para ello lo más conveniente es rodearse de aquellos amigos y compañeros que sean fuente de afecto y seguridad; las interacciones entre los seres que estimamos son quizá el mejor antídoto ante infinidad de problemas psicológicos y, cómo no, del Síndrome Postvacacional.

*Dr. Jose Manuel Orrego Alvarez es Doctor por la Facultad de Psicología de Oviedo, Maestro y Pedagogo. Colabora como columnista en varias publicaciones españolas e iberoamericanas. En la actualidad conjuga su actividad profesional como docente e investigador con un inmenso interés por descubrir y transmitir cualquier tema relacionado con la conducta, la educación y la cultura.